Cómo lidiar con la incertidumbre

“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar.”
Immanuel Kant, filósofo alemán.

Cuando cualquier persona lee la frase “el mundo se ha vuelto un lugar incierto” tiende a pensar que esto es un hecho innegable, sobre todo con los acontecimientos actuales. La realidad es que el mundo, el entorno experiencial en que vivimos, siempre ha sido incierto.

La incertidumbre, lo desconocido., lo imprevisible, han estado presentes en la humanidad desde que los Homo Sapiens borraron a los Neandertales de la faz de la tierra. Aunque las razones de la prevalencia de los Homo Sapiens son todavía especulativas y desconocidas, puede que la capacidad de lidiar con lo incierto haya sido fundamental.

¿Cómo se puede lidiar con la incertidumbre y salir airoso del enfrentamiento?

Por lo visto, saber planear y establecer objetivos no parece ahora ser una respuesta válida. A pesar de las incontables y carísimas horas dedicadas en los cursos avanzados de administración de empresas a la planeación y a la fijación de objetivos, ¿de qué sirven objetivos bien definidos si algo absolutamente inesperado vuelve al futuro un tema de adivinación de feria sin valor alguno en el reino de los mortales?

Nostradamus es, hoy en día, más eficaz y práctico que cualquier futurólogo de alta alcurnia y muchos certificados académicos. Y es esta falta de predictibilidad práctica la que nos mete de lleno en el mundo de la incertidumbre.

Pero no nos engañemos. Desde hace ya varios años vivimos en un mundo a todas luces incierto. De nuevo, no creo que haya habido un cambio en “el mundo”, más bien se nos ha caído el velo de la ignorancia y lo que siempre había sido, un mundo incierto, ha pasado de aparente a real casi sin darnos cuenta.

Ya desde los 90 sabemos que los estudiantes universitarios de entonces se preparaban por varios años para obtener títulos académicos y aspirar a un trabajo que probablemente n o existiría cuando su carrera hubiese concluido. Eso sigue pasando hoy en día, y más dramáticamente si cabe, con pandemia y sin pandemia.

Dice la Wikipedia que “La teoría del caos es la rama de las matemáticas, la física y otras ciencias (biología, meteorología, economía, entre otras) que trata ciertos tipos de sistemas complejos y sistemas dinámicos no lineales muy sensibles a las variaciones en las condiciones iniciales. Pequeñas variaciones en dichas condiciones iniciales pueden implicar grandes diferencias en el comportamiento futuro, imposibilitando la predicción a largo plazo”.

Menciono esto del caos porque también en esos años, los 90, hubo quienes pensaron que esta incomprendida teoría pudiera ser aplicada a la toma de decisiones en el mundo de los negocios y crearon cursos que, en principio, atrajeron a una gran cantidad de ejecutivos de alto nivel quienes pagaron enormes cantidades de dinero para no saber qué hacer con esa información.

El punto es que hemos descubierto el universo caótico, impredecible e incierto y estamos tratando de saber qué hacer en estas condiciones, con poco éxito de momento, todo parece indicar.

Y, sin embargo, la respuesta a la pregunta “cómo lidiar con la incertidumbre” ha estado delante de nuestras narices desde tiempos incontables. Y yo te la voy a transmitir ahora mismo, si me lo permites.

Así es, ha estado debajo de nuestras narices y no lo hemos ni siquiera intentado encontrar tan cerca y que, a menos que tengas unas narices tan grandes como las mías, no hay excusa aceptable para no haberlo buscado ahí. Como nos enseñara Paulo Coelho en su novela El Alquimista, la respuesta se encuentra siempre mucho más cerca de lo que pensamos.

Y la respuesta se llama SADIEI, cuyas siglas significan Sistema Automático de Decisiones Intuitivas, Emocionales e Inteligentes y me lo acabo de inventar en este instante, pero no por ello deja de ser valioso y práctico. Porque, aunque me haya inventado el nombre sus componentes se fundamentan en años de estudio y experiencia práctica, tanto personal como de otros maestros de renombre y capacidades probadas.

“Cuando sintamos miedo ante lo desconocido, el peligro o la simple incertidumbre, la primera de las estrategias que podríamos emplear sería la de no enfocarnos en lo que podemos perder, sino en lo que podemos llegar a ganar.”
Mario Alonso Puig, médico y escritor español.

Un SADIEI que nos ayuda a lidiar con la incertidumbre se basa en los siguientes componentes o competencias:

  1. Paradigmas posibilitadores. Un paradigma es un conjunto de creencias que sustentan una forma de operar del mundo, una interpretación subjetiva de cómo las cosas deben de funcionar. Los paradigmas son tan poderosos que no existen estudios que puedan determinar si nosotros construimos paradigmas basados en la experiencia o experimentamos ciertas cosas en función de los paradigmas que previamente hemos aceptado como buenos.

Contar en nuestra mente con los paradigmas correctos es algo crucial. Porque todo parece indicar, cuando estudiamos la conducta humana, que son los paradigmas los que determinan nuestras experiencias de vida y lo único que logran estas experiencias es reforzar nuestros paradigmas hasta convertirlos en convicciones. A este ciclo reforzador entre experiencias y paradigmas se le denomina “Ciclo del éxito” y consiste en que si, por ejemplo, yo creo que tengo buena suerte esta creencia provocará experiencias de buena suerte las cuales contribuirán a reforzar mi creencia en mi buena suerte.

En un experimento clásico de condiciones controladas, los individuos que creían previamente tener buena suerte fueron mucho más capaces de encontrar un billete de veinte dólares tirado en la calle que aquellos otros individuos que creían exactamente lo opuesto acerca de su suerte personal. Una verdad que parece indiscutible es que nuestros paradigmas controlan nuestra percepción, y lo que controla nuestra percepción controla nuestro mundo.

Algunos paradigmas adecuados para lograr lidiar correcta y exitosamente con la incertidumbre serían:

  • No importa cuál sea el desafío, yo sabré qué hacer y lo haré acertadamente.
  • Tengo dentro de mí todos los recursos necesarios para superar mis retos (prestado de la PNL).
  • Ya he vivido momentos de incertidumbre en el pasado y los he superado evidentemente, y eso me permite superar los momentos actuales.
  • Fui diseñado/a para triunfar en la incertidumbre. La certidumbre y lo predecible son un ambiente antinatural.

Hay muchos más paradigmas adecuados al objetivo de lidiar con la incertidumbre, pero con estos puede ser más que suficiente para empezar. Y si una voz interior te dice que creer en estas cosas es demasiado simplista, que sepas que esa voz tiene razón y que es tan simplista como creer en lo opuesto. Por eso tenemos libre albedrío, para elegir en qué creer.

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2. Preguntas correctas y posibilitadores. Las preguntas dirigen nuestro enfoque y nuestro enfoque determina nuestros estados emocionales los cuales a su vez nos permiten tomar buenas decisiones, si nuestros estados son posibilitadores, y malas decisiones, si nuestros estados son incapacitadores. Si me pregunto algo como “¿Qué tiene de malo la incertidumbre?” es evidente que generaré diferentes respuestas internas a si me pregunto “¿Qué tiene de bueno la incertidumbre?”. Si me enfoco a lo positivo me siento mejor que si me enfoco a lo negativo. Quizás no lo sepas pero este cambio de enfoque y ninguna otra cosa es la causa fundamental de las separaciones sentimentales, incluso después de muchos años de estar juntos.

Y mucho cuidado con hacernos la pregunta más peligrosa que nuestro intelecto puede hacer, la pregunta ¿por qué? ¿Qué por qué es peligrosa? Muy sencillo, porque refuerzo lo que probablemente no quieres reforzar. Wayne Dyer decía que nuestro nivel de conciencia existente se revelaba en nuestras preguntas y decía que el nivel más bajo se caracterizaba por la pregunta ¿por qué? Por ejemplo, “¿Por qué me pasan a mí estas cosas tan malas?”, o “¿Por qué nos castiga Dios de esta forma?” son ejemplos de preguntas hechas por personas de poca o limitada conciencia.

Así que si le pides que salga contigo a cenar a alguien que te agrada y su primera respuesta es “no, gracias”, entonces ya sabes qué no preguntar jamás, si es que no te rindes todavía.

3. Inteligencia Emocional. Este concepto es ya un clásico de los años 90 pero sigue estando ahora mismo más vigente de lo que nunca lo ha estado. Cuando Daniel Goleman publicó su ya famoso libro estábamos muy lejos del concepto del teletrabajo, pero en las circunstancias actuales en las que el teletrabajo llegó para quedarse las competencias emocionales no son solo importantes, son imprescindibles.

Los profesionales de la actualidad y del incierto futuro deberán estar preparados para la autogestión, la disciplina, la automotivación, el dominio de la comunicación (importantísimo en las comunicaciones no presenciales), la innovación, la iniciativa, el trabajo en equipo, la persuasión, la adaptación y muchas otras competencias más. Todas ellas, por cierto, forman parte de las competencias de la Inteligencia Emocional.

Si en el pasado las Competencias Emocionales eran deseables o un lujo, ahora son indudablemente un sine qua non, es decir, o las tienes o ni te presentes.

4. Vivir el presente. Si lo analizas, aunque sea superficialmente, llegarás fácilmente a la conclusión de que la incertidumbre no está aquí ni es ahora, en todo caso está en el futuro. Porque el aquí y el ahora no pueden más que ser ciertos por definición. Ya son, así que solo nos queda aceptarlo y aplicar las demás competencias que te comparto en esta charla. Si estás dominado por un sentimiento de incertidumbre, haz una pausa en el tiempo y en el espacio, detente por unos minutos y medita concentrándote en el único momento real del que disponemos, el presente. Corta el rollo de tu mente pesimista y depresiva y observa cómo ahora y aquí ya tienes todo lo que hace falta para ser feliz.

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5. Convertir el miedo en poder: creer y desarrollar tu poder personal.

“Hay tanta gente que se queda helada frente a la incertidumbre y paralizada ante la idea de emprender un proyecto, que uno podría llegar a pensar que estamos programados para tener miedo.” Seth Godin, escritor informático.

El miedo es una emoción natural, humana y necesaria. Gracias al miedo sabemos que ciertas decisiones no deben de ser tomadas sin las debidas precauciones. Pero si el miedo paraliza entonces se vuelve disfuncional y anacrónico, se pervierte. El miedo se combate con valor y este, el valor, no se define como la ausencia de miedo, de la misma forma que la salud no es la ausencia de enfermedad. El valor se define como la capacidad de moverse a pesar de tener miedo.

Tres consejos para convertir el miedo en poder: controla tu lenguaje, controla tu fisiología y controla tus referencias. Habla con seguridad, muévete con seguridad y, como si estuvieras en una sala de edición de películas, revisa únicamente los pasajes de la película de tu vida en los que ya has superado un gran reto. Me apuesto lo que sea que, a lo mejor con algo de esfuerzo, serás capaz de encontrar momentos de gloria en tu vida personal. Esos momentos te inspirarán a logros todavía mayores. Estoy seguro de que ahora mismo puedes recordar algún momento así. Y sin importar qué tan lejos esté en el tiempo, debes recordar que las habilidades y recursos que usaste en ese momento para superar el reto están y estarán contigo para siempre.

6. Optimismo. No me refiero a que siendo optimista se siente uno mejor. También el alcohol y las drogas logran el mismo cometido y más rápidamente. No me refiero a eso. Me refiero a que en experimentos diversos se ha demostrado que el optimismo provoca en los humanos respuestas a los retos más creativas y eficaces que el pesimismo. Es una cuestión de eficacia no de sentimientos.

Un ya clásico experimento demostró sin dudas la eficacia del optimismo. A dos grupos de personas se les solicitó la realización de una tarea para la que ambos grupos era inexpertos y definitivamente no aptos. Al final de la realización de la tarea se les solicitó a ambos grupos una autoevaluación de su desempeño en la tarea. Al mismo tiempo, un juez imparcial emitiría una evaluación precisa del desempeño de cada miembro de los grupos, buscando al final saber quiénes eran capaces de autoevaluarse más certeramente.

Los optimistas se autoevaluaron mayoritariamente arriba de la evaluación del juez imparcial, mientras que los pesimistas se autoevaluaron o igual o por debajo de la evaluación del juez. Luego entonces, podemos concluir que los pesimistas resultaron siempre más realistas que los soñadores optimistas.

Pero la conclusión más interesante se obtuvo al final del experimento. A ambos grupos se les daba la opción de seguir realizando la tarea o dejarla en cualquier momento. Mientras que los optimistas estuvieron más dispuestos a continuar hasta lograr la perfección, los pesimistas decidían abandonar la tarea por razones tan simples como “no soy bueno para estas cosas”. En un porcentaje abrumadoramente superior el desempeño de los optimistas superó, al final del experimento, al desempeño promedio de los pesimistas. A la larga, el optimismo premia. Recuerdo una frase de alguien que decía “Bienaventurados los optimistas porque de ellos es el reino de los resultados”.

7. Fe. Decía San Pablo, palabras más o menos, que la fe es la creencia en las cosas no evidentes. De alguna forma, ¿qué mérito tiene creer en algo que es evidente? No conozco una sola persona que haya sido capaz de lograr algo considerablemente grande que no haya usado el recurso de la fe. A veces, cuando todo parece indicar que las cosas van a salir mal, el único recurso que nos queda es tener fe. Y cuando ese momento llegue, y créeme que llegará, más vale que cierres los ojos y saltes.

El SADIEI representa que, sin importar el reto a superar, el desarrollar estas competencias te permitirá saber qué hacer cuando llegue el momento de hacerlo. Saber qué hacer y cómo hacerlo son los dos componentes directos del concepto de inteligencia. Con estas competencias la incertidumbre será solamente una anécdota y no una maldición porque es en la incertidumbre en la que mejor te sabrás mover.

Una vieja teoría, tan vieja como la humanidad misma, dice que nuestros cerebros no son “máquinas” de pensar, como tradicionalmente las consideramos. En realidad, basados en esta teoría, son más bien antenas que nos permiten conectarnos con la sabiduría universal en la que todas nuestras preguntas tienen respuesta. De alguna forma, al desarrollar estas competencias es como si realmente orientases tu antena, te pusieras en contacto con dicha sabiduría y esta actuase a través de ti.

SI piensas que este artículo es motivador o tiene esa intención estás equivocado. Puede que la motivación sea un efecto de leerlo, pero no es ni remotamente mi intención. Lo que busco es abrirte los ojos a nuestro enorme potencial para resolver problemas y superar retos y este potencial no es una valoración simplista de mi parte sino una realidad tangible y constatable.

Solo necesitamos seguir las famosas palabras que aparecían inscritas casi a modo de advertencia en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. Fue Platón quien dio mayor difusión a esta frase de alto valor ético y reflexivo a través de sus diálogos, recordándonos la importancia de mirar hacia dentro antes de tomar cualquier decisión, antes de dar cualquier paso. Y esas palabras son “Conócete a ti mismo”. Conociéndote, sabrás cuánto vales.

Y ya más contemporáneamente, el también famoso Henry Ford, aunque por motivos menos virtuosos, usaba otra frase que usaré yo mismo para despedirme y terminar este artículo. Frase ligeramente modificada por mí, pero, créeme, tengo autorización del mismo Henry para hacerlo.

“Ya sea que creas que sabrás lidiar con la incertidumbre o ya sea que creas que no sabrás, tienes razón”.

Francisco Senn

Acerca de Francisco Senn

Director General Grupo Neurosoft y Presidente de la Asociación Internacional de Neuromanagement
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